¿Por qué se habla tanto del gas radón? ¿Qué es? ¿Es perjudicial para la salud?

LA OPINIÓN DEL EXPERTO

 

El gas radón es un gas inerte, invisible, inodoro e insípido, perteneciente a la familia de los gases nobles o gases raros. Su origen es natural y lo podemos encontrar en la naturaleza en tres isótopos, aunque el Rn-222 es el que denominamos específicamente radón. El gas radón se forma a partir de la desintegración del Radio (Ra-226) y forma parte, junto a éste último, de la cadena de desintegración del Uranio (U-238), metal que se encuentra de forma natural en suelos y rocas. El gas radón, por su parte, tiene una vida media de 3,8 días y pasa del suelo al aire con facilidad, donde se desintegra y emite partículas radiactivas. Cierta cantidad de este gas puede encontrarse en casi todas partes y forma parte de la radioactividad natural que hay en todo el planeta.

El gas radón ha ido aumentando su interés desde los últimos años, ya que cada vez somos más conscientes del peligro de su acumulación en lugares cerrados y habitables, como viviendas, escuelas y lugares de trabajo, y de las consecuencias que puede tener para la salud de las personas.

Al aire libre, las concentraciones de gas radón que podemos encontrar son muy bajas y no suelen representar ningún problema para la salud, pero en espacios cerrados pueden llegar a representar un problema grave.. Para la mayoría de las personas, la principal exposición al radón se produce en la vivienda, y, según la OMS, la acumulación de radón en los hogares sería la segunda causa más importante de cáncer de pulmón después del tabaco.

El radón se filtra en las viviendas por difusión o convección, a través de grietas, juntas, huecos de tuberías o cables, poros, sumideros o desagües. El radio (Ra-226), del cual procede el gas radón, está presente en la composición de determinados materiales como son los suelos terrestres, principal origen del radón y en los cuales su presencia puede ser mayor o menor según el tipo de roca. También encontramos su presencia en el agua, al disolverse en ella en corrientes subterráneas, o en materiales de construcción, al usarse materias primas con contenidos de radio en el proceso de fabricación.

El gas radón no puede ser percibido por nuestros sentidos, la única forma de saber si existe una concentración de radón elevada y peligrosa para nuestra salud es mediante la medición. Además, como las concentraciones de gas radón fluctúan dentro de un mismo espacio interior, lo aconsejable es calcular la concentración media anual del aire interior. Hay que tener en cuenta que los sótanos y plantas bajas siempre presentan más concentración de radón por su proximidad con el suelo.

Por otro lado, al tratarse de un gas noble no puede eliminarse químicamente, lo cual obliga a buscar soluciones constructivas reductoras de la concentración de radón, como son sistemas de extracción, presurización y sistemas barrera.

En España existen zonas geográficas en las que podemos encontrar edificios con niveles más elevados de gas radón, y otras con concentraciones mucho más bajas. Esto es debido sobretodo a la geología del lugar.

El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) ha desarrollado una cartografía del potencial de radón en España, categorizando las zonas del territorio español en función de sus niveles de radón y, en concreto, identificando aquellas en las que un porcentaje significativo de las viviendas presenta concentraciones superiores a 300 Bq/m3 ( ver página web del CSN, www.csn.es)

En el marco del contexto actual, el Documento Básico de Salubridad (DB-HS) del Código Técnico de la Edificación (CTE) está siendo revisado para incluir el gas radón (DB-HS 6). Asimismo, en Soprema, ofrecemos soluciones eficaces para reducir los niveles de gas radón en las viviendas y otros espacios habitables cerrados, con el objetivo de minimizar al máximo los riesgos para la salud de las personas y cumplir con la normativa.

En próximos posts hablaremos de los cambios normativos del DB-HS relacionados con el gas radón y de las soluciones que ofrecemos en Soprema frente a este gas, el enemigo silencioso de nuestras viviendas.